APUNTES DE SAN ANDRÉS, INTERIOR DE PAIPOTE Y VALPARAÍSO.
ALGUNOS APUNTES DE FRANCIA.
RESPECTO DE LA FOTOGRAFÍA REALIZADA.
Los años de estudio de la fotografía en Francia en la segunda mitad de los ochenta y mi retorno a Chile en plena convulsión política por el fin de la dictadura me llevan a poner atención en aquellas expresiones del oficio que, en el campo técnico, había logrado una maestría en el rendido de películas blanco y negro y en color, así como el manejo de luz artificial. En el campo expresivo el retrato y la figura humana se volvieron de gran interés.
El trabajo de Jean Loup Sieff y de Helmut Newton fueron de gran inspiración respecto del desnudo femenino, la expresividad de Richard Avedon me empujó a explorar esta área. Las apuestas de Irina Ionesco y Jean Saudek llegan a una trasgresión cultural pero no menos importante en el escenario contemporáneo.
Instalado definitivamente en Chile, en mi ciudad natal que es Valparaíso a principios de los noventa, los latinoamericanos Martin Chambi (precursor de la fotografía indígena continental), peruano por excelencia, la mano del mexicano Luis Álvarez Bravo, el trabajo del brasilero Sebastián Salgado y la irrupción del guatelmateco Luis González Palma, son el empuje definitivo a una búsqueda expresiva por medio del retrato y figura humana, en la heterogeneidad de nuestro mestizaje y la apuesta europea sobre la intimidad, el espacio privado, el privilegio humano de la sexualidad y el desnudo con el fin de explorar mi forma de acceder a aquella belleza esquiva del conjunto de imágenes sociales y tan presentes al mismo tiempo en la vida de todos.
La inserción social de este trabajo sobre el desnudo nunca se llevó a efecto, naturalmente en nuestra cultura es casi un imposible. Esto no es Europa. La complejidad social me arriesga a exponer mi trabajo innecesariamente, nunca estuve dispuesto a la crítica doctrinaria, ideológica ni cultural.
La fotografía en Chile post dictadura era todo un caso: rechazada a muerte como expresión artística por la academia y el oficialismo de las artes tradicionales, la isla nacional inquisidora dejó que se perdieran registros fotográficos invaluables de nuestra cultura por varias generaciones. En lo que va del siglo no estoy enterado de la actualidad de la fotografía ni me interesa, solo visualizo el presente apagón cultural para todas las artes.
Lejos de decepcionarme esta situación, trabajé por veinticinco años este tema, y haciendo retrospectiva de lo realizado me quedó con una frase que extraje de un antiguo video francés de crítica fotográfica sobre el desnudo que rezaba algo como lo siguiente: el cielo para las modelos y el fotógrafo y el infierno para el lector de las imágenes. Pero para ser justo, a esto yo le agregaría por experiencia un pequeño grupo de mujeres y hombres que han disfrutado plenamente de este trabajo, al igual que las modelos y yo mismo, compartir el cielo con lo más humano: apreciar los desnudos de una mujer desde el ojo de este fotógrafo.
La búsqueda de la belleza es otro tema social complejo que se ha mantenido por décadas, en Chile es el culto a la fealdad, decía Uribe, y bastante razón tiene cuando en un repaso de exposiciones actuales y pasadas de las artes visuales vemos abundante figura humana en estados terribles de tortura social y psicológica, quién se atreve públicamente a cantarle a la belleza y exponerse a la dura crítica del medio (¿?). Muy pocos artistas.
De las modelos digo que son mis más preciadas musas, mis muy queridas amigas y también compañeras de la vida que en un momento breve o por algunos años quisieron habitar el recuadro de la cámara como las diosas que son, que tanto sentido le dan a la vida sexuada del ser humano. Me acompañan siempre llenando de sensualidad y vida las paredes y los archivos de mi estudio de fotografía, sin ellas y su deseo de exhibir su naturaleza nada de esto hubiera sido posible. Como se entenderá no aconteció el trabajo de uno solo sino un colectivo de la naturaleza más bella que él conocido.
Cuando equivocadamente pensé haber vivido el siglo pasado como el más violento de la historia, me equivoqué al creer que se avanzaba hacia un humanismo pleno, por el contrario me asombro de lo criminal del ser humano en general y de millones de compatriotas en particular. Entonces mi trabajo en fotografía es un refugio de virtud, un lugar que me permite disfrutar eternamente estas imágenes para mi propio bienestar y felicidad y compartirlas con un pequeño grupo de nobles y noblezas donde el pudor queda fuera, queda lejos, el pudor para quienes mis fotografías les lleva al infierno.
En Valparaíso, primavera del 2025.

La escultura aparece en mi quehacer en mi madurez. Tengo una anécdota de que siendo un joven estudiante de arquitectura, Claudio Girola, el escultor argentino y profesor de taller me dijo que no sería arquitecto sino escultor, acompañado de mi sorpresa y risas de mis compañeros de taller.
Del universo inagotable de formas que puede tomar la masa escultórica me quedé con un pequeño conjunto de formas simples y racionales que son de mi interés como forma de expresión tridimensional. Estudiando arte en la biblioteca de Saint Etienne aparece El estilo holandés y la apuesta de un planteamiento simple y racional en el color y la línea que plantea mi interés en la plástica, que si bien es pictórico lo extrapolé a diversas formas de expresión.
Antes de decidir ingresar a la Escuela Municipal de Bellas Artes de Valparaíso y especializarme en la disciplina de la escultura ya era un maestro de oficio, en mi niñez mi abuelo Gustavo me enseñó mampostería y carpintería gruesa. Ya adulto me volví maestro de oficio en carpintería y con la larga experiencia en docencia en la fotografía decidí ejercer talleres de maderas sistematizando la entrega de conocimientos. Facilitó el entrar en la escultura en maderas. También hay incursiones satisfactorias en piedra y fundidos a baja escala de aleación de metales blandos.
Una de los intereses en la segunda década del siglo ha sido la estética latinoamericana, específicamente en lo objetual y la arquitectura de la prehistoria andina y ahí se encuentra parte de la raíz de mis obras con características monolíticas.
Lo entiendo como arte social en los contextos medio ambientales actuales como discurso rebelde ante la depredación de la industria masiva y sus consecuencias globales.
La obra presentación es una manifestación, una presencia de la cultura Changos en la bahía de Valparaíso, cuyo último vestigio fue la Caleta de la Sudamericana hoy desplazada a otros lugares.
Estas catedrales son botes Changos enterrados en la arena de Valparaíso:
Las catedrales fueron inspiraciones de una espera y una acción: cuando la promesa divina no baja al románico, el gótico se eleva a su encuentro.
Así estas secciones de botes se elevan desde el borde costero de la ciudad, con una espera agotada y una acción en curso.
Es un manifiesto, un discurso sobre la negación de su existencia que se materializa en los pescadores desplazados de la caleta más antigua que haya registro histórico, a la manera de la negación al destino marítimo de la población de Valparaíso que por cincuenta años se les ha negado.
Los conjuntos de variadas maderas nativas hacen alusión al intercambio cultural del pueblo pescador con la alfarería de los Aconcagua, con sus magníficas arcillas.
Especificaciones: Madera: Ensamble y Tallado. Base 48x54cm; Altura 55 cm.
Con Lucy y Gaby






































